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Palabras del autor del libro Portugal Querido,Señor Mario dos Santos Lopes durante la presentación oficial en la Universidad Católica Argentina.

por Arte&Cultura, em 08.02.15

mariolopes.jpg

  Muchas gracias por venir. El día no fue el mejor. El clima debe haber acobardado a mucha gente. Casi me acobarda a mí también. Yo siempre tengo el mismo problema. El otro día me tocó presentar un acto social, un acto cultural. Me puse saco y corbata… todo el mundo estaba en campera. Hoy me encuentro tres personas con una elegancia soberana acá y yo estoy de camisa. Una de las damas que están acá me dijo: quédate así, vas a estar más cómodo. Voy a empezar al revés, antes de hablar del libro. Me emocionó hace un rato cuando Angie y Juan Manuel. Cuando los vi entrar pensé: qué guardia de honor tenemos hoy. No sabía si iban a venir. No los habíamos confirmado. La verdad es que me emociona, porque encontrar acá a otras generaciones acá conviviendo, y estos chicos que son la continuidad, que han hecho (y hago un mea culpa) lo que nosotros no hemos hecho. Nosotros pasamos una juventud alejada de la comunidad portuguesa, salvo las que teníamos en casa y estos chicos, ellos y los más chicos y la gente que los acompaña han tomado una bandera, tienen orgullosamente las vestimentas portuguesas, conocen de las danzas portuguesas y pueden darnos clase y me parece que ellos son los que garantizan la continuidad y el trabajo que han hecho ustedes, los mayores, algunos que ya están cansados, algunos que por cuestiones de la vida abandonaron o están en más en la dirigencia pero bueno, se está formando eso y ahora voy a hablar un poquito del libro. Y yo no tengo otra palabra más que decirle gracias. Estoy mirando las caras de la gente, de muchos a los que no conocía personalmente y que conocí hoy y no fue fácil, no fue fácil no porque haya sido trabajoso. Lo trabajoso viene en la parte del final, la parte de corrección y de revisación y que no me pase como recién, una señora que me dijo: “te olvidaste de poner mi historia” y me puse a revisar y estaba, ¡menos mal!, cartadocumento sino. Pero es todo un trabajo, una gran responsabilidad, porque uno no está trabajando con cualquier texto, no está trabajando con cuentos, de última si fueran cuentos yo me puedo equivocar en una palabra, pero estábamos tratando con las historias de la familia. Está el texto del abuelo Domingos y que Andrea me sorprendió con unos textos escritos a mano. Las memorias que este hombre escribió hace muchísimo tiempo y me las escanearon y me las mandaron y confiaron en que un ilustre desconocido. Mi hermano no es un desconocido, lo conocen y saben de su militancia en la colectividad portuguesa. Pero a mí no me conocían, de hecho entendí que algunas personas no confiaran. Ahora sé que estando el libro, si se da la posibilidad de un número dos en algún momento, va a haber mucha gente que se acercará porque comprendió que esto iba en serio. Cuando empezamos esto no sabíamos cómo, cuándo, no había fondos ni pedimos fondos a nadie, lo saben bien, creímos que había que hacerlo, que había que arrancar y que había que empezar desde algún lugar, desde cero, desde cero. Muchos de ustedes lo saben pero yo vivo a 2.100 km de Buenos Aires y cuando vengo, vengo muy poquitos días, vivo los días en familia y en esos días no alcanza el tiempo para ir casa por casa, vamos a charlar, saquen las fotos, hacemos una entrevista, necesitaba gente que me ayudara escribiendo o enviando borradores. En muchos casos son borradores que hubo que trabajarlos, hubo que organizarlos, pero cosas que estaban en manos de la familia. Hemos tenido colaboradores que se han metido en esto vocacionalmente. Ahí está Amandio y Karen Cogliandro, una chica a la cual yo no conocía. La conocí en el cumpleaños 80 de mi mamá. Y le digo: Karen, ¿vos no te animás a hacer unas entrevistas?. Bueno. Le escribo a Jorge Raposo, a quien tampoco conocía y que tampoco me conocía a mi y me manda la historia de los pauliteiros, a quien yo tampoco conocía. Y pensé: esto se me está yendo de las manos. Y empecé a escribir a un montón de gente. Y empecé a tomar coraje y lo conocí a Anibal también y lo conocí a Martín. Martín detalladamente me manda casi una genealogía y la historia de toda su familia y uno encuentra en cada uno y cada escrito tiene una riqueza distinta. Y la conozco a Alejandra, que está ahí también y a Armando y empiezo a sentirlos amigos sin conocerlos personalmente y eso es raro. Es muy raro. Recupero la historia de mis primas, de Mirta y Mabel. Un día me cuentan una historia, cosas que yo había escuchado de niño que nunca las había tenido por escrito y bueno, a muchos de ustedes, al nombrar a algunos me olvido de otros solo que empiezo a revivir lo que fueron estos cuatro años. Idas y vueltas, por ahí algún testimonio que estaba incompleto y había que pedir un poco más de datos porque la historia daba para más. Cada uno de ustedes cuando lean sus historias, de sus familias, de algún familiar o de otro se van a dar cuenta que faltan un montón de cosas, que hay mucho más para contar. Lo que pasa que un libro tiene un límite. El libro iba a ser de cien páginas. Un libro de cien páginas está bien. Ponemos 15 o 20 historias y está bien para empezar. Después hacemos otros tomos. Cuando empezamos a armar para mandar a la imprenta y estábamos en doscientas y algo dije: no puedo, no se puede. Bueno, logramos acomodar la tipografía, todo el trabajo que hay con todo eso. Teníamos muchas fotos para poner y lamentablemente no daba el espacio. El límite del libro está en la cantidad de páginas que tiene. No sé si vamos a hacer un segundo libro, no sé. En este momento queremos disfrutar este. Yo vuelvo a repetir, mi palabra es de agradecimiento a todos y lo que han dicho mis compañeros aquí en la mesa sobre la inmigración me parece que es sustansioso, meduloso, con lo que contó Analido, tuve la posibilidad de tener en mis manos sus escritos, parte de su historia. Otra cosa, lo decía Julio, este libro puede ser el disparador para que gente que tiene otra visión, distinta o más profunda, más científica que la que tengo yo, sociólogos, gente que conozca más de la psicología humana, pueda escribir sobre los hilos conductores de todo esto, los parecidos y las diferencias, la filosofía, esto que decía Analido, los sentimientos, ¿por qué muchos de los hijos de los inmigrantes, como es mi caso, también migramos y nos fuimos a vivir a 2000 km de nuestra casa?. Y aunque estamos en un mismo país y tenemos celular y tenemos Internet extrañamos a la familia. Somos inmigrantes. Claro, este es un país donde la migración interna también es tremenda. Pero lo que yo aprendí con este libro, les voy a contar, porque cuando uno entra a un libro, yo se lo dije a una persona el otro día y no sé si me expliqué bien, cuando uno entra a un libro como con cualquier trabajo, como cuando uno se enamora o cuando se desanamora o cuando entra a estudiar a una universidad o cuando se va de la universidad, uno no sale igual que cuando entró. Cuando yo empecé con este libro no sabía todo lo que sé hoy. Entre otras cuestiones entrevistar a mi mamá, nunca lo había hecho. Pero además fui conociendo sobre la multiplicidad de trabajos, de mujeres que llegaban a la provincia de Buenos Aires o a Comodoro y llegaban de noche, creo que lo hacían a propósito porque al otro día se querían volver, lloraban y lloraban y se querían volver. Tal vez yo he sido el conductor del barco, pero yo no habría podido hacerlo si no hubiera tenido gente que confió. Si Judit no hubiera rescatado ese relato fantástico de ese papá (que ahora falta la carta), porque si ahora tengo que hacer un segundo libro tiene que estar alguna de las cartas que le mandaba el papá y ella confió y vino un día y me leyó y me dije: “esto ya está”. Yo no sabía cuándo iba a salir este libro. Salió ahora. Yo pensé que iba a tardar mucho más tiempo y no quería demorar porque había gente que ya me estaba preguntando (hace un año) ¿y cuándo sale el libro? ¿y qué pasó? Yo te escribí ¿está lo mío? Y bueno, finalmente estuvo. Tuve la alegría y quiero contarles (cortito) por qué estamos acá ¿por qué estamos acá?. Bueno, los que tienen más de cincuenta años, cuando ve estos edificios que tenemos acá se debe acordar como me acuerdo yo de los higos rellenos de almendras que mandaba mi abuela y que los retiraban acá en la Aduana o cuando mandaban una encomienda de Portugal era la Aduana, era esta zona, entonces cuando pasamos con mi hermano por acá el año pasado nos dijimos: “tiene que ser acá”. Y tiene que ser acá porque además la Universidad Católica tiene un programa destinado a la Patagonia y de chiquito mi mamá me enseñó que Magallanes era portugués y que no era Fernando de Mallanes sino Hernando de Magalhaes. Un día en la escuela me puse a pintar un barquito. Un barquito con una bandera. Y yo puse la bandera portuguesa. La maestra casi me mata. Nosotros aprendimos a conocer y querer lo portugués. Como decía aquí quien me acompaña el 25 de mayo y el 9 de julio con el frío que hacía íbamos al acto de la escuela y mi papá, portugués, me llevaba al acto de la plaza donde se cantaba el Himno Nacional y tocaba la banda ahí en la plaza 1° de Mayo. Entonces nosotros aprendimos a valorar lo portugués, a respetarlo, pero también aprendimos a respetar lo argentino. Éramos bilingües. Aprendimos los dos idiomas. Lamentablemente no lo hemos practicado, pero bueno, estuve hablando por teléfono y por Internet con Campina, presidente del Club Portugués y que tiene la responsabilidad de mantener la única publicación escrita, y hay que remarla para eso, hay que remar y el me hablaba mucho de esto, del idioma. Felizmente las instituciones están haciendo cosas y cursos para que los más jóvenes aprendan el idioma. Estuve averiguando y también hay cursos por Internet para los que no pueden asistir. (el portugués de Portugal, que es el que nos interesa). 

 

 

Desgrabación y fotos gentileza de Andrea Lopes.

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publicado às 20:53


1 comentário

De Aerdna a 09.03.2015 às 16:35

Parece-me um excelente trabalho. Desses que contam histórias para a História.
Sou portuguesa, em estado de emigração há pouco mais de meio ano, mas com historial na família. Não fui para tão longe, mas preocupa-me o que a influência de um novo país com todas as suas características possa fazer na construção da identidade do meu filho de 5 anos.
Fico feliz por perceber que a identidade portuguesa não morreu, apesar do tempo e da distância a que fica a Argentina.
Acompanho algumas coisas da Tv argentina, por puro fascínio com esse povo do "fim do mundo".
Fico na expectativa de algum dia ler a vossa obra, aqui em terras europeias.
Sucesso, e desde já parabéns pelo trabalho de reunir tantas histórias pessoais.

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