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"Portugal Querido" integra el patrimonio de la Biblioteca Apostólica Vaticana

por Arte&Cultura, em 26.02.16

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La Biblioteca Apostólica Vaticana es una de las más antiguas del mundo. Custodia auténticos tesoros literarios, como el Codex Vaticanus (siglo IV), el manuscrito completo de la Biblia más antiguo que se conserva, o la Biblia de 42 líneas de Gutenberg.

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La Biblioteca del Vaticano se encuentra en la Santa Sede de la Ciudad del Vaticano y tiene su origen en 1448 con una colección de aproximadamente 350 códices que el papa Nicolás V logró concentrar. Los códices eran de origen griego, latino y hebreo y algunos de ellos procedían de la biblioteca imperial de Constantinopla. Oficialmente, la Biblioteca del Vaticano se fundó en 1475 por el papa Sixto IV y, en aquel entonces, ya reunía más de 3.500 manuscritos, constituyéndose como la mayor biblioteca de la cultura occidental. La construcción del magnífico edificio en el que todavía se ubica fue encargada en 1587 al arquitecto Domenico Fontana.

El denominado Archivo Secreto Vaticano se separó del resto de la biblioteca a principios del siglo XVII. Se trata del archivo personal del Papa, al cual sólo él y sus personas más allegadas tenían acceso, y contiene documentación expedida por la Santa Sede durante siglos. Actualmente se permite la consulta de una pequeña parte de su fondo a investigadores con autorización previa, el acceso al resto de textos está restringido. Es uno de los principales centros de investigación histórica que existen, con unos 150.000 volúmenes almacenados en 65 kilómetros lineales de estanterías.

El Vaticano se ha aliado con la tecnología para proteger y preservar un patrimonio literario de tal envergadura y darlo a conocer. Con este objetivo se están realizando importantes actuaciones encaminadas a incrementar la seguridad en la biblioteca y se ha tomado la decisión de empezar a digitalizar el fondo documental, una tarea realmente trabajosa si tenemos en cuenta que posee más de 1.600.000 libros. A día de hoy ya es posible consultar vía internet una parte de los archivos, algunos de ellos pertenecientes al Archivo Secreto.

 

 

 

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publicado às 23:39

Mario dos Santos Lopes,autor do livro Portugal Querido

por Arte&Cultura, em 19.02.16

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Mario Dos Santos Lopes nasceu na cidade de Buenos Aires, completou seus estudos no centenário Colégio São José do bairro de Balvanera, foi recebido como professor no Instituto Santa Catalina do Salesiano Dom Bosco.
Viajou à Patagônia para ensinar e viver em Puerto Deseado, província de Santa Cruz há mais de trinta anos. Foi lá que ele descobriu sua verdadeira vocação: o jornalismo, atividade que exerce até os nossos dias.
De profundas convicções cristãs vive como pensa, e pensa como vive. Talvez o sucesso de sua carreira jornalística como Director do jornal a Ordem, rádio, centenas de participações em outras mídias e a publicação de três livros é falar em uma linguagem clara e espinho com um invulgar honestidade em uma profissão cercada pelos interesses de todos os tipos.
Há quase cinco anos Mario Lopes lançou por meio de redes sociais uma grande chamada para recolher testemunhos sobre a emigração portuguesa na Argentina. Não quería números frios, nem estava olhando para estudos migrantes própios de ámbitos académicos. Queria histórias simples, histórias de pessoas comuns, que um dia abandonaram tudo em busca de uma vida melhor a dez mil milhas de distância.

A resposta não se fez esperar e centenas de histórias com nome e apelido começaran a encher a sua caixa de mensagens, protagonistas diretos da diáspora, seus filhos, netos e amigos de Portugal ofereceran generosamente as suas experiências para o livro que tem o nome de "Portugal Querido" e que acaba de entrar em impressão para ser apresentado na sociedade antes do final de 2014.
Mario Lopes garante ter material suficiente para um segundo libro. A comunidade portuguesa decidiu deixar um testemunho escrito e contemporâneo de sua permanência na Argentina que, de acordo com os dados oficiais não é superior a dezassete mil pessoas.
Sem apoio oficial, mas com uma vontade inabalável propia dum filho de um português "construiu um castelo com as pedras que foi encontrando na estrada" referindo-se ao poeta português Fernando Pessoa.
Mario sonha que o "Compêndio" das experiências lusitanas resumidos em mais de duas centenas de páginas chegue a todas as escolas rurais do país entre outras instituições "espero que as futuras gerações saibam sobre o esforço e trabalho honesto dos nossos maiores portugueses em um país que abri-le seus braços generosamente" por fim, acrescentou que todos os clubes da nossa comunidade terá uma cópia gratuita na sua biblioteca.
O livro "PortugalQuerido" de Mario Dos Santos Lopes passa a ser o único material contemporâneo sobre a emigração portuguesa na América Latina e será uma referência incontornável para o estudo em instituições privadas e públicas que já manifestaram interesse.

 

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publicado às 23:43

El libro Portugal Querido ya se encuentra en la Biblioteca Nacional de la Ciudad de Buenos Aires.

por Arte&Cultura, em 18.02.16

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La Biblioteca Pública de Buenos Aires —antecesora directa de la Biblioteca Nacional— fue creada por decreto de la Primera Junta, el 13 de septiembre de 1810. Su primera sede estuvo en la Manzana de las Luces, en la intersección de las actuales calles Moreno y Perú.
La Junta pensó que entre sus tareas estaba la de constituir modos públicos de acceso a la Ilustración, visto esto como requisito ineludible para el cambio social profundo. Mariano Moreno impulsó la creación de la Biblioteca como parte de un conjunto de medidas —la edición, la traducción, el periodismo— destinadas a forjar una opinión pública atenta a la vida política y cívica. Así, la Gazeta y la traducción y edición del Contrato social se hermanan en el origen con la Biblioteca.

Precisamente, el escrito estremecedor de la Gazeta titulado “Educación”, en donde se anuncia la creación de la Biblioteca en 1810, posee todas las características de un documento alegórico, bélico y literario a la vez, pieza muy relevante del pensamiento crítico argentino.

Pocos meses antes, el propio Moreno y Cornelio Saavedra firmaban la orden de expropiar los bienes y libros del obispo Orellana, juzgado como conspirador contra la Junta. Así se constituyó el primer fondo de esta Biblioteca, enlazada desde el comienzo con la lucha independentista y la refundación social. También integraron el primer acervo las donaciones del Cabildo Eclesiástico, el Real Colegio San Carlos, Luis José Chorroarín y Manuel Belgrano.

Sus primeros bibliotecarios y directores fueron el doctor Saturnino Segurola y Fray Cayetano Rodríguez, ambos hombres de la Iglesia. Luego vendrían Chorroarín y Manuel Moreno, hermano y biógrafo del fundador. Los nombres que se suceden son hilos de una trama histórica y cultural: Marcos Sastre, Carlos Tejedor, José Mármol, Vicente Quesada, Manuel Trelles, José Antonio Wilde. La Biblioteca significaba un cruce, que ya estaba en la vida de estos hombres, entre los compromisos políticos y las labores intelectuales. En estos nombres encontramos la huella de autores de obras que forma parte del memorial del lector argentino, como El tempe argentino, de Marcos Sastre, la novela Amalia, de Mármol, o la obra historiográfica de Quesada. Algo del Salón Literario de 1837 se alojaba en la Biblioteca Nacional de los años 80, sin contar que uno de sus directores, Tejedor, sería después uno de los directores de la guerra perdida por los batallones de la ciudad de Buenos Aires contra las fuerzas federalizadoras.

De una manera u otra, la Biblioteca Nacional se situaba entre las más altas experiencias literarias —del signo que fueran— y los ecos no callados de las guerras que recomponían las formas del poder nacional. Ya Groussac había percibido esta marca inaugural en la magnífica historia de la Biblioteca Nacional que escribe al iniciar su propia gestión, a la que ve como activadora de una confluencia de las viejas corrientes literarias y políticas, y la formación de un nuevo espíritu de rigor argumental e investigativo.

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La adquisición por parte de la Biblioteca del carácter de Nacional, recién en los años 80 del siglo XIX, guarda inequívoca correspondencia con la evolución de las instituciones del país. En el momento de efectiva formación del Estado nacional, la Biblioteca se erigió como reservorio patrimonial y cultural. Paul Groussac protagonizó el nuevo período de modernización y estabilización, acorde con el clima general de la época. Por gestión personal de su director, la Biblioteca Nacional obtuvo un edificio exclusivo en México 564, donde los bolilleros atestiguan su destino original, el de Lotería Nacional. La gestión de Groussac duró más de cuarenta años, y entre otras cosas logró que la Biblioteca fuera un punto de referencia para el pensamiento argentino, en especial en temas históricos y de crítica literaria. Logró aliar la acumulación bibliográfica (se duplicaron los fondos patrimoniales y se creó la Sala del Tesoro), con la forja de un centro considerable de creación y pensamiento, que se expresó incluso en prestigiosas publicaciones.

Durante el siglo XX hubo dos largas gestiones recordadas por razones diversas. La primera fue la de Gustavo Martínez Zuviría, autor de libros de venta masiva y difusor de posiciones antisemitas. Al frente de la Biblioteca durante un cuarto de siglo, desplegó una vasta labor de compras bibliográficas, publicación de documentos e intervención en los debates culturales. Este controvertido y prolífico autor también deseó relativizar el peso de Mariano Moreno en la fundación de la Biblioteca, restándole así valor a su origen revolucionario. Durante el largo período de permanencia de Martínez Zuviría se compró la importante colección del hispanista francés Foulché-Delbosc, esencial para el estudio de la historia de España. La dura controversia que mantuvo el poeta y ensayista César Tiempo con Martínez Zuviría es uno de los momentos recordables que atesora la memoria de la institución y prueba de que siempre fue ella misma un documento de cultura atravesado por todas las tendencias culturales e ideológicas de las épocas más vehementes de la historia argentina.

La otra presencia capital en la Biblioteca Nacional —cuya espesura cultural y literaria era de características bien diversas a la anterior, pero no a la de los tiempos largos que quedaron impregnados por el sello personal de Groussac—, fue obviamente la de Jorge Luis Borges. El autor de “La biblioteca de Babel” supo erigir a la Biblioteca como tema de pensamiento y literatura, y gestionar la institución junto con el subdirector José Edmundo Clemente, quien asimismo fue muy activo en la construcción del nuevo edificio, situado en la manzana que antes había alojado a la residencia presidencial en que habían convivido Juan Domingo Perón y su esposa Eva Duarte. El itinerario urbano, catastral y arquitectónico de la Biblioteca Nacional también revela su íntimo apego a las alternativas más dramáticas de la vida nacional.

Precisamente la Biblioteca fue objeto de una prolongada empresa arquitectónica que abarcó desde la concepción de la necesidad de un nuevo edificio en 1960, cuando la ley 12.351 destina tres hectáreas para su construcción, entre las avenidas del Libertador General San Martín y Las Heras, y las calles Agüero y Austria, hasta su inauguración, recién en 1993. A partir del correspondiente concurso de anteproyectos, la obra fue adjudicada a los arquitectos Clorindo Testa, Alicia D. Cazzanica y Francisco Bullrich. Aún están en vías de realización algunas partes del proyecto original. La piedra fundamental del edificio actual fue colocada en 1971 y la morosa construcción estuvo a cargo de distintas empresas: Compañía Argentina de Construcciones, José E. Teitelbaum S. A. y Servente Constructora S. A. En 1992, coincidiendo con otra fuerte modernización urbana, el edificio fue finalizado. Su estilo a veces llamado “brutalista” —sin duda una de las variantes del expresionismo del siglo XX— es siempre motivo de interrogación y estudio por los estudiantes de arquitectura. Irrumpe en los estilos arquitectónicos del tejido de la ciudad que la aloja, con una fuerte voz irreverente, escultórica y pampeana, que no deja hasta hoy de formar parte del acervo de las discusiones culturales argentinas.

Un año más iba a demorar el complejo traslado del material bibliográfico y hemerográfico desde la antigua sede de la calle México. Un fondo que, como puede apreciarse en los catálogos, no se limita a la producción nacional —aunque éste es, sin dudas, su centro—, sino que incluye importantes ediciones extranjeras. Menos dotada cuantitativamente que otras bibliotecas nacionales de Latinoamérica y en incesante proceso para ponerse a la par de los horizontes de modernización característicos de la época contemporánea, la Biblioteca Nacional de la República Argentina sin embargo posee un patrimonio cuya calidad es de excelencia, indispensable para considerar la bibliografía y la hemerografía de la historia nacional en sus más variados aspectos, y particularmente rica en lo que hace a los antecedentes remotos o más mediatos de la formación social, económica y simbólica de la nación.

Desde el 2007 la Biblioteca Nacional proyectó la creación de un Museo del libro. Para ello encaró la demolición de edificios que estaban derruidos, en la misma manzana, y le encargó al estudio Testa-Bullrich la nueva obra. En 2011 inauguró la nueva construcción, dedicada al libro y a la lengua. Espacio de exposiciones, muestras y actividades culturales, lleva adelante una reflexión sobre la heterogeneidad lingüística y cultural de la Argentina al tiempo que intenta producir nuevos horizontes de lectura.

Nombrada desde 2013 como Biblioteca Nacional Mariano Moreno, en su historia pueden verse los trazos elocuentes de la historia nacional, ha sido entonces atravesada, a veces mellada, otras veces impulsada, por la vida política más amplia. No es posible pensarla, gestionarla, trabajar en ella, investigar sus salas de lectura o tomarla como pieza de la política cultural argentina sin tener en cuenta el vasto eco que ofrece —como si fueran los “ecos de un nombre” borgeano—, de los avatares de la propia memoria nacional. Venir a ella supone adentrarse en la propia historia de la lectura en la Argentina y en las complejas urdimbres de sus pliegues simbólicos y materiales.

 

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publicado às 20:32


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